Por un segundo, los dos viejos se quedaron callados, como recuperando el aliento. Acababan de terminar una conversación larga, que en realidad ya habían tenido muchas otras veces. El gordo sorbió lo último del café negro, como para hacer algo, y después se limpió la boca con un pañuelo de tela.
-Ajá… Se ve que lo tratan bien al muchacho
-Lástima que ahora es tan así la cosa
-Aprietan en cualquier lado
-No, no. No es eso. Por mí si se quieren desnudar acá, adelante. Lo que me jode a mí es que ni se conocen, Jorge, ni se conocen.
-Yo los veo explorando bastante
-En serio te digo. Los pibes se cruzan dos minutos en la calle y es todo lo que necesitan. Con la calentura que hay hoy en día, se saltean hasta el saludo. Antes no era así. Antes teníamos todo un proceso, un acercamiento paulatino, un lugar que daba pie a la imaginación.
-El cortejo
-Tal cual, y de antes del cortejo también. Esas cosas hacían a las minas lindas, mucho más lindas. Y a las hermosas te las hacía inolvidables. Ahora todo eso se perdió.
-Sí, puede ser.
-¡Claro! Mirá, vos me conocés bien, sabés que yo tuve mis tiempos de galán. No verseo.
-No, gordo. Un playboy no, pero tuviste tu racha.
-Mah, qué racha. Estuve con más minas que unos cuantos. Pero así todo, me sigo acordando de cada una. Me acuerdo de mi primer mina como si nunca la hubiera dejado
-Es que teníamos nuestros tiempos para conocerlas
-Tal cual, tal cual. Escuchá, se me vino toda junta. Era una castaña con una carita así, redonda, y unos ojos claros que te desarmaban. Yo me la pasaba mirando, a cada rato libre que tuviera, soñando
-De dónde la conocías
-¡Ni me junaba todavía!, pero yo sentía que la conocía a fondo de leer su muro, y de mirar sus fotos. A esa edad me venía bárbaro el tema de las fotos: el poder quedarme diez minutos mirándola a los ojos sin tener que preocuparme por articular alguna conversación interesante. La verdad es que me encantaba.
-Está, pero de dónde la habías sacado
-Y qué se yo. Era amiga de un amigo, creo. La página me la había recomendado como “gente que quizás conozcas”. Y fue la única vez que sirvió para algo esa función. Primero empecé mirando las fotos, pero de a poco empecé a leer las cosas que escribía, los chistes que hacía con sus amigos. Después, leyendo su información de contacto, ví que teníamos gustos de música muy parecidos, y de películas también. Todo eso me fascinó más. Quería siempre mandarle la solicitud de amistad, viste, pero no me animaba
-Querías estar preparado
-Sí, pero además estaba cagado. Si me ignoraba la solicitud, yo quedaba como un necesitado, un gil. Y al final de cuentas, no mandarle nada era perderme la única oportunidad que tenía. No me terminaba de decidir, y entonces un día ella restringe los permisos de su página, y ya sin ser “amigo” no podía ver más su muro. Fue el empujón que necesitaba: puse mi mejor foto en el perfil, y le mandé nomás la solicitud.
-Qué buen momento que era ese, cuando ya habías apretado el botón y lo que faltaba era ver cómo respondían del otro lado. Igual, gordo, lo de poner la mejor foto es medio de nabo.
-Sí…. Estaba hecho un nabo. Y después fue peor, pero al menos al principio funcionó. Tuve unos días de silencio y después me apareció el mensaje de que me había aceptado. Fue increíble, tenía el ego por las nubes.
-Pero tenías que empezar a hablarle
-¡Lo que era eso! Sacar de la nada misma algún motivo para hablarle aunque no te la hubieras cruzado siquiera. Decidí que lo mejor era ser directo, avanzar de una.
-Qué grande
-Sí, y la piba picó. Más o menos. No te puedo explicar la sensación cada vez que saltaba el aviso de “mensaje nuevo”. Vivía pegado al monitor. Pero ella también. En esa época, teníamos esos monitores de cómo cuatro centímetros de ancho.
-Cierto. Duraban una barbaridad. Hoy en día lo que venden está todo hecho para el carajo y se te rompe a los cinco días.
-Cierto. Che, me pido otro café
-Dale. ¿Pero en qué quedó todo? ¿La llegaste a ver cara a cara?
-¡Claro! Era hermosa… Estuvimos saliendo tres meses, que a esa edad es como una vida, tan pendejo era. Pero ya no era lo mismo. No estaba ese vértigo de elegir cada palabra de cada mensaje, como si estuviera jugando un ajedrez. A los dos meses ya los dos estábamos cambiando y no escuchábamos la misma música ni nada. Le corté un día antes de irme con amigos de vacaciones a Gesell
-Acá el café es muy bueno
-Pero ya nada me saca esos días de tenerla ahí, sonriéndome a través de la internet, con ese brillo particular.
-Muy bueno
-Y ahora los pibes ya no tienen nada de todo eso. Se ha perdido el espíritu, la esencia de lo que es conocer a una mujer. Se abalanzan los unos a los otros, y cada cual sigue su camino como si nada importara.
-Ya no hay hombres
-Tal cual
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